Nuestra historia comienza en Ávila un 28 de diciembre de 1967, en el seno de las Juventudes Franciscanas del barrio de San Antonio. Allí nació también nuestro primer nombre, Jufra, todavía sin la «n». Comenzaron entonces los primeros ensayos, las primeras obras y una manera de hacer teatro que, con los años, acabaría definiendo también nuestra forma de entender el grupo.
Desde el principio, el teatro se hizo entre todos: actuar, dirigir, fabricar vestuario, levantar decorados y resolver todo lo que hiciera falta para que, llegado el momento, pudiera abrirse el telón. Esa autosuficiencia, nacida en aquellos primeros años, sigue muy presente seis décadas después: cada uno arrimando el hombro allí donde hace falta. Esa filosofía, ese modo de trabajar y de entender Jufran, nos ha acompañado desde entonces, ha ido pasando de unos a otros y sigue formando parte de lo que somos.
Con los años, Jufran fue creciendo. Llegaron nuevos compañeros, nuevos títulos y también un cuidado artístico y técnico cada vez mayor. Empezamos a salir de Ávila, a participar en certámenes y a recorrer escenarios de distintos lugares, consolidando poco a poco una trayectoria que acabaría llevando a Jufran mucho más allá de aquellos primeros pasos en San Antonio.
En ese camino hubo también personas que marcaron etapas importantes. José Luis Alfayate, que se incorporó a comienzos de los años setenta, ayudó a dar un paso adelante en la forma de trabajar y de afrontar los montajes. Años después llegaría Fidel Sáez, otro nombre estrechamente ligado a la trayectoria de Jufran. Con ellos, y con muchos otros compañeros que fueron sumándose, el grupo fue forjando una identidad propia que empezó a reconocerse dentro y fuera de Ávila. En los años ochenta llegamos a representar nuestras obras en más de ochenta localidades de distintas provincias y durante un tiempo contamos incluso con un grupo infantil, Jufrantil, del que hoy aún permanecen en Jufran actrices que comenzaron allí siendo niñas.
En 1993 comenzó una nueva etapa. Jufran se desvinculó del movimiento franciscano y pasó a constituirse como asociación cultural independiente, bajo el nombre de Asociación Cultural Artística Jufran. Después de más de veinticinco años de recorrido, empezábamos así a caminar por nosotros mismos, con una estructura propia pero conservando buena parte de aquello con lo que habíamos nacido: el trabajo compartido, la amistad y las ganas de hacer teatro.
A partir de entonces, Jufran fue ampliando también sus horizontes. Las historias empezaron a salir de los escenarios para ocupar calles, plazas y espacios históricos, con propuestas como la Ronda de las Leyendas, las visitas nocturnas teatralizadas a la Muralla o la participación en la Cabalgata de Reyes. A ello se sumaron distintas colaboraciones en rodajes y proyectos audiovisuales. Durante una época, llevamos el teatro incluso a la radio, con varios miembros de Jufran interpretando fragmentos de obras en un programa de la Cadena SER. Eran otros espacios, otros formatos y nuevas maneras de seguir contando historias sin perder nuestra esencia.
En las últimas décadas, Jufran ha ido alternando propuestas de mayor peso dramático y escénico, como El florido pensil, de Andrés Sopeña; Acto imprevisto, de Miguel Gallego; o Gracias, abuela, de Sebastián Junyent, con comedias más ligeras y desenfadadas como Taxi, de Ray Cooney; Pecata minuta, de Ramón Barea; o Trece y martes, de Jean-Pierre Martínez. Algunos de aquellos trabajos más ambiciosos nos dieron también nuestros últimos premios y reconocimientos en certámenes. Obras muy distintas entre sí que reflejan una de las constantes de Jufran: las ganas de probar registros diferentes sin encerrarnos en una única manera de hacer teatro.
2017 fue un año especialmente significativo. Para celebrar nuestros primeros cincuenta años quisimos volver a encontrarnos con parte de nuestro propio recorrido y recuperamos para la ocasión tres montajes ya estrenados por el grupo: Balada de los tres inocentes, de Pedro Mario Herrero; Acto imprevisto, de Miguel Gallego; y Anillos para una dama, de Antonio Gala, que volvieron a subir al escenario del Teatro Avenida, una manera de rendir homenaje a la propia historia de Jufran y celebrar que aquella aventura iniciada cincuenta años atrás seguía muy viva.
Desde entonces han llegado otros títulos y otros retos. Toc Toc, de Laurent Baffie; Aquí no paga nadie, de Darío Fo; y El método Grönholm, de Jordi Galceran, son nuestras tres últimas producciones. Tres propuestas muy diferentes entre sí, pero unidas por las mismas ganas de seguir buscando personajes, historias y nuevas formas de encontrarnos con el público.
Hoy, ese recorrido suma ya cerca de medio centenar de montajes, decenas de premios, nominaciones y reconocimientos, cientos de apariciones en los medios y muchas funciones y colaboraciones altruistas con asociaciones y colectivos. Pero ninguna cifra alcanza a contar lo más importante: la calidad de las personas que han formado parte de Jufran y la huella que cada una ha dejado en el grupo. Algunas estuvieron durante unos pocos años; otras, durante décadas. Algunos de quienes siguen hoy con nosotros ya estaban en aquellos primeros años y formaron parte de la fundación del grupo, e incluso la siguiente generación de aquellas familias forma hoy parte de Jufran.
Seis décadas después, todo ese camino nos impulsa a seguir avanzando, haciendo que Jufran continúe siendo personas, amistad, trabajo y teatro. Un grupo que se renueva, suma gente, cuenta nuevas historias y mira hacia delante con la misma ilusión, convencidos de que la mejor función todavía está por venir.
En una historia de seis décadas también hay compañeros que ya no pueden seguir compartiendo escenario con nosotros, pero que forman parte inseparable de Jufran. Actores, directores, técnicos, amigos… personas que dejaron mucho más que personajes y funciones. Su trabajo, su cariño por el grupo y tantos momentos compartidos siguen presentes cada vez que volvemos a levantar el telón.